Trapecista.

Destacado

          La hermosa trapecista se disponía a realizar su arriesgado acto durante la función dominical, la perfección de su cuerpo estaba enmascarada con un traje colorido que se fundía con sus artísticas curvas, una cauda enorme de dorados cabellos enmarcaba de manera magistral su infantil rostro aderezado con una falaz y artificiosa sonrisa; lentamente y sosteniéndose de la escalinata que pendía de una micro plataforma metálica ascendió ante los gritos jubilosos del público asistente, a cada segundo los desgastados acordes de un anticuado redoble de tambores provenientes de los altavoces lo inundaban todo; debido a su voracidad económica el empresario circense siempre los instó a presentar en cada función una espectacularidad diferente aun a costa de arriesgar su físico, en esa ocasión la exigencia era mayúscula y sumamente arriesgada, se había incrementado la altura de cinco a siete metros y se retiró la segura protección de una red,

 

          Los mismos compañeros de la carpa le habían advertido a la acróbata del peligro latente que significaba jugarse la vida para satisfacer la insaciable avidez monetaria de quien representaba aquel grupo de saltimbanquis, el torvo sujeto ataviado con un traje en exceso llamativo por su tonalidad y adornos de lentejuela o chaquira, caldeaba el aprecio e interés del auditorio desde los micrófonos en el centro de la pista; el recorrido parsimonioso en los escalones estaba matizado con cierto dramatismo, pues ella se detenía cada cierto periodo de tiempo para saludar mediante la agitación de sus palmas que semejaban mariposas en vuelo; un par de vetustos bufones que observaban la escena percibieron una inusual y significativa característica en la muchacha, quizá por el nerviosismo, le transpiraban en exceso las manos, tanto que en repetidas ocasiones antes de iniciar el recorrido a las alturas, se detuvo en el depósito que contuviera el polvo de magnesia para frotarse con ansia, pues sabía que el polvo auxiliaba en el agarre y sostenimiento de su persona en cada lance.

 

          El domador de las famélicas fieras no daba crédito a lo que observaba, de forma por demás truculenta y para acrecentar el dramatismo en la gente, de forma sorpresiva el infeliz maestro de ceremonias solicito al personal de intendencia de la carpa, tapizaran el alfombrado con botellas astilladas que reflejaban amenazadoras ante la grotesca iluminación del lugar; ante tal espectáculo la artista de las alturas palideció levemente, sus palpitaciones cardíacas aumentaron hasta alcanzar niveles insospechados, las perlas de sudor en su rostro eran visibles, pero ni aquello borraba el rasgo ensayado que denotaban sus labios; ya instalada en la insignificante plataforma escuchó el rugir de las personas que asistían a la función, algunos aprobando y exigiendo como en el circo romano y los más cautos simplemente aplaudiendo y rogando por un feliz desenlace,

 

          Del otro lado se encontraba un acompañante pasivo pero sumamente importante que tenía por misión, soltar de forma coordinada en tiempo y forma un trapecio vacío para que la gimnasta lo tomara en varios momentos de su actuar, en la parte baja del lugar destinado para el desarrollo de toda la acción el elaborado plan para que la artista se sintiera fuera de concentración no llegaba a su fin, grandes mazos caían frenéticos sobre envases de vidrio creando un sonido estrepitoso que era acallado por las notas de la música ambiental; segundos antes de iniciar el número la mujer con simulada calma saludo a quien continuaba con la locución experta de merolico experimentado, algunos conocedores del espectáculo tuvieron la visión de aquellos tiempos donde el ademán  incluía la frase Ave César, morituri te salutant, hecho esto y recibiendo licencia para proceder, se precipitó al vacío simulando un vuelo angelical por los aires, ningún arnés la sujetaba a una línea de vida que la pudiese ayudar en caso necesario, una exclamación de horror y admiración surgió de las gargantas antes ansiosas, las gradas y platea se incendiaron de morbo lúdico ante las ejecuciones perfectas; inicialmente el centro de atención lo ocupó un único trapecio, pues el que ampliaría la actuación se encontraba semi oculto en la penumbras que cubrían el entoldado del itinerante espectáculo, semejaba en perfección a un ave fénix o una Pegaso de naturaleza mágica, inteligente, bondadosa y salvaje.

 

          La entrega enardecida del público a  la artista desbordó la ambición del ejecutivo circense quien incremento la dificultad mediante grandes antorchas con largas lenguas de fuego, estas fueron  sobre puestas a las esquirlas del vidriado elemento hecho añicos en momentos previos; sin embargo la inteligencia que habitaba en la mente rápida e ingeniosa de la ejecutante parecieron no percatarse de ello, aun cuando lo sofocante del ambiente aumentó considerablemente la asistencia estaba al borde del delirio, la entrega era demencial aun cuando el acto aun no llegaba al punto de ebullición, tras grandes ejecuciones las luces multicolores se suprimieron, lo que causó un efecto de expectación que hizo brotar inmediatamente un clamor de misterio y ensoñación, de la nada un haz seguidor que serpenteo en el recinto hizo su aparición, justamente se detuvo intempestiva al encuentro de un elemento que columpiaba solitario en medio de la nada, ¡Era un trapecio similar al que usará hasta ahora…! Surgió de un vientre incógnito y enigmático un segundo rayo brillante secuaz del primero, este le otorgó plena visualización a la concurrencia de la sílfide suspendida entre cuerdas de seda y metal, sin solicitud de quien deseaba desestabilizar mentalmente a la actuante, el silencio total cundió en las gradas, platea e incluso las nigromantes que pululaban llevando a efecto lecturas de cartas con falacia se detuvieron a mirar el acto circense en desarrollo.

 

          El rostro rechoncho de apariencia reptiliana del rollizo patrón, dejaba al descubierto rasgos petulantes de un retrasado intelectual, era más semejante a una hidra que a un ser espiritual, muchos flashes impregnaron la estancia, eran las cámaras fotográficas de los empleados circenses que acatando instrucciones buscaban y encontraban el momento justo para incrementar las ganancias de la empresa que les remuneraba con salarios ínfimos y ofensivos, pues eran objeto del desempleo, desesperación y del oportunismo rapaz de propietario de aquel coliseo errante; los ridículos redobles grabados en una cinta se hicieron presentes de nuevo, tras bambalinas las amazonas, bailarinas, domadores y payasos observaban el nivel infinito en que les situaban la estafeta, sus miradas denotaban cierto temor pues consideraban un terrible abuso laboral el incremento desmedido e innecesario del riesgo, los rayos de luz seguidores revolotearon en torno a la concurrencia que se mantenía expectante, se elevaron sistemáticamente y detuvieron su andar precisamente donde lo iniciaran, las fanfarrias callaron y con sutil destreza la chiquilla tomó la cuerda que sostuviera la barra metálica entre sus trémulas extremidades empolvadas con magnesia, miró más allá del techo de la añeja carpa y reinició las majestuosas ejecuciones, el segundo trapecio había desaparecido misteriosamente de la escena, los vuelos fueron tomando grandes matices de dramatismo que ahogaban gritos de asombro entre los concurrentes, no fueron pocos quienes abandonaron la estancia aterrados por el acto a todas luces suicida que se le imponía a la espectacular Aero danzante, posterior al aderezamiento del instante se detuvo sobre la insignificante plataforma, ahora llevaría a cabo la culminación de su acción.

 

          Del otro lado de la platea en las alturas, ahora se situaban dos trabajadores del circo en espera de poder ayudar en aquello que opacará y quizá eliminara la actuación estelar de la función; el sádico dirigente hizo aumentar las llamas que fulguraban a todo lo largo y ancho del escenario, su mente realizaba cálculos respecto a la fama y utilidades que ganaría su negocio a costa del riesgo al que incitará a su empleada; con idea de distraer la atención e interesar aún más a quienes se ubicaban en las gradas, un inesperado payaso correteó desbocado por la pista, sin embargo la estratagema fue inútil, todos estaban concentrados en la acrobacia que se aproximaba, una nueva marcha de redobles fue acallada con chiflidos y abucheos, la gente clamaba en silencio la continuidad de la práctica; tras despojarse de falsos miedos y unas zapatillas doradas la mujer de infantiles rasgos se precipitó al vacío, la realización fue magistral, tras desprenderse del columpio en que iniciara su vuelo en la nada su estampa fue digna de una escultura de ébano, los brazos en cruz precedieron a varias volteretas y contorsiones que la situaron en el trapecio que surgiera presto de la profunda tinieblas de la carpa, su destino fue la minúscula platea que se situaba en el lado contrario a donde principiará su recorrido, el público asistente rugía de contento, un maremágnum de aclamaciones elogiaban a la ejecutante que ahora sonreía sincera, ¡El acto había culminado con éxito…! Sin embargo ella decidió coronarlo con mayor riesgo, solicitó a uno de quienes estaban a su lado y que auxiliaran, le fuera a dar vuelo de nuevo a su anterior sostén de balanceo, durante las aclamaciones que no cesaban, el empleado a quien diera la instrucción descendió de un costado y rápidamente ascendió al otro para llevar a cabo el encargo,  el nefasto empleador no sabía cómo explicar la decisión de la gimnasta, las palabras se ahogaban en su gruesa garganta al tiempo que ordenaba intensificar el calor de las teas ardientes; justo cuando todo estuvo en orden la ondina del espacio reanudo su danza con la fatalidad, la parca sostenida de sus hombros volaba con ella en cada lance, habían hecho un pacto silente y ambas estaban dispuestas a cumplirlo; tras abandonar de nuevo la seguridad de la barra sostenida por amarres de seda, rotó en tres ocasiones sobre su propio eje y ejecutó una cabriola perfecta que le heló la sangre a todos, incluido el torvo sujeto que incitaba por medio de la microfonía, la barra que venía a su encuentro le proporcionó el tiempo necesario y suficiente para ejecutar un doble mortal invertido antes de quedar asida a él, fue apoteósica la respuesta de la respetable asistencia, las personas abandonaban sus lugares para recibirla al descender de las endebles escalinatas suspendidas, los saludos y abrazos no se hicieron esperar a medida que el tumulto desplazaba al animador desanimado; por la penumbra, excitación  y animación reinante, nadie reparó en los ojos de la aeronauta, grandes gotas de lágrimas de agradecimiento fluían sin control, enmascarando el iris verde grandemente dilatado, que denotaba glaucoma y cierta degeneración macular que día a día la cegaban más.

 

          Precisamente hoy lo había considerado el momento más adecuado para morir en su elemento, sin embargo se habían entre mezclado la ambición desmedida de su jefe con el triunfo y entrega total de quienes asistieran al circo para que finalmente triunfará la cordura, a cada momento la luneta y gradas antes pletóricas ahora estaban vacías, en su totalidad los ocupantes ocupaban la arena y no daba cabida al actuar final estelar de la estrella consagrada; este era su día, existir y triunfo particular, pero la decisión estaba tomada a partir de esa noche detendría el surcar los aires valerosa, distintos dictámenes la situaba invidente en un tiempo muy corto y deseaba descansar en calma, sin embargo la sentencia que definitivamente la alejaría de los espectáculos fue la que murmurara su ángel de la muerte que no deseaba mirarla cual mísero fantoche rota a los pies de los trapecios que le dieron tanto, de pronto una luminaria invisible a la concurrencia la invadió, su corta visión descubrió ante ella a un enorme séquito de ángeles que precedían a una omnipotente figura celestial que descendió a celebrar con ella la finalización del riesgoso acto de vivir en las alturas envuelta en una penumbra total; tras su partida del seno de la familia circense, muchos la imitaron abandonando la carpa que les sirviera como hogar errante muchos años, dejando atrás a quien los explotara y vivía a expensas de sus actos, ahora el denigrado sujeto interpreta un personaje que lo caracterizó toda su existencia, ¡Es un triste payaso abandonado que con maquillaje oculta su ruin tristeza…!

 

 

 

 

 

 

 

 

Código de registro: 1810098686548

 

Acertijo.

Destacado

Acertijo.

 

            La prima Eugenia laboraba atendiendo las llamadas de emergencia en la fiscalía y su hermano Everardo era uno de los mejores agentes policíacos al servicio exclusivo del gobernador, siempre fueron muy unidos y aquella labor similar hizo de su relación cotidiana un lazo perfecto, en casa de la abuela Casilda únicamente se escuchaban temas policíacos durante las comidas en que se reunía la familia, en ocasiones eran monótonos los relatos que trataban y era mejor mantenerse al margen de los hechos, sin embargo en muchos casos era interesante permanecer al pendiente de lo que se comentaba.

 

  • ¿Te enteraste de lo que ocurrió la semana anterior en Chuburna…? – cuestionó sin sentimiento alguno reflejo en el rostro Eugenia.
  • ¡No…! Estuvimos de gira con el gobernador y ni tiempo tuve de revisar pendientes en la oficina, ¿Fue algo importante…? ¿O los mismos pleitos vecinales de siempre…? Respondió Ever.
  • Depende de que sea para ti considerablemente importante, nosotros recibimos reportes inverosímiles y el que tomó mi compañera a mí particularmente me lo pareció por el desarrollo de los acontecimientos posteriores. – dijo un tanto enojada por la forma en que se minimizaban su trabajo – se publicó en los diarios locales y pese al amarillismo algo de verdad y misterio encontré en sus relatos. – continuó.
  • ¡A ver huera cuenta que ya me interesaste…! – le urgió su hermano con una cerveza en la mano.

 

           Lógicamente la promesa de una historia inédita me cautivo, los noveles estudios periodísticos aunado a una reciente incursión a la carrera de novelista me indicaron que podría estar ante un filón de oro que redundaría en una historia posterior, me acomode en mi asiento y muy interesado me apreste a escuchas en silencio.

 

  • ¿Te acuerdas de Chary…? La madre soltera que no te simpatiza según tú por aprovechada, pues ella atendió esta llamada al número de emergencias, ¡Que conste que tengo la grabación y te la puedo enseñar…! – aclaro Genny – ahora todo se filma, graba y
  • ¡Déjate de detalles sin gran atractivo trascendental…! tú también sabes que es una oportunista la chava y anda en busca de una víctima, ¡Continua…! – apuró mi primo.
  • Bueno, resulta que en la comunicación un hombre desesperadamente solicitaba auxilio, e informaba de manera intermitente que él y su familia estaban siendo atacados por alguien que los estuviera acosado desde tiempo atrás, súbitamente rompió en llanto al informar que su esposa quizá ya estuviera muerta pues desde hacía varios minutos no la escuchaba gritar ni emitir quejido alguno, lo peor sobrevino a raíz de la mención de que sentía la proximidad del acosador por sus pasos cercanos a el sitio donde estaba él estaba resguardado, su voz temblorosa y aterrada no alcanzó a proporcionar dirección pese a la insistencia en el cuestionamiento de la operadora, finalmente la llamada se cortó de manera abrupta sin proporcionar mayores detalles, pese a volver a intentar restablecer la conexión la línea se encontraba muerta, incluso la ubicación del lugar de la llamada nos la proporcionó el GPS del teléfono; la encomienda de verificar el asunto fue asignada al elemento Jorge Quiroz, ya ves que a últimas fechas estamos obligadas a darle seguimiento a los casos. – remarcó la huera – pues este policía encontró el domicilio con los datos que le proporcionaron en la oficina; en su reporte señala que al llegar se encontró con un domicilio en penumbras, y en espera de refuerzos procedió a ingresar alumbrando su andar con una lámpara de bolsillo en una mano y su arma de cargo en la otra; te repito que suena a programa de misterio pero tal cual les narró está en el reporte y la grabación. – tomó de la nevera un refresco, lo destapo y volvió a tomar su sitio ante la mesa, entre tanto mis manos volaron hacía el taburete en busca de papel y lápiz – bien, pues por más que se identificaba mediante gritos no encontró señales de que hubiera ninguna persona en la casa y ¡viva menos…! daba la impresión de que en ese lugar nunca nadie estuviese habitando; el caso es que al seguir con su revisión de rutina se encontró algo muy extraño en la mesa de la recamara del segundo nivel, el papeleo dice que era un gran rompecabezas y lo verdaderamente extraño es que aparentaba ir en contra de la lógica, semejaba estar siendo desarmado en vez de lo contrario, este joven considero que el acertijo sería un elemento de prueba y lo llevo a la comandancia contenido en una pequeña caja, ¡Pero nunca a nadie se lo entregó…! Aparentemente se quedó con él. – sorbió nuevamente su refresco buscando tomar aire para continuar.
  • ¿Y eso que tiene de relevante…? muchos policías se quedan con las pertenencias de las víctimas – aprovechó para aclarar mi primo, sinceramente de pronto mi interés empezó a decaer.
  • ¡Espera no comas ansías…! Como parte final de su confuso reporte anotó que todo aquel barullo armado posiblemente se tratará de una simple broma debido a que la casona en apariencia estaba abandonada, pues no se notaba la presencia de quien hiciera el comunicado y la única señal de vida era una nota escrita y bañada en sangre que decía la pena que le causaba a quien escribiera el haber puesto la última pieza; escucha bien y analiza los hechos que ahora viene lo misterioso. – dijo con cierto dramatismo. – al día siguiente me correspondió atender una llamada similar, las mismas frases entrecortadas y tras el llanto convulso el solicitante intentó narrar su emergencia, dijo que no debió sustraer nada y menos llevarlo a su casa, ¡Era un clamor de ayuda ensordecedor…! Describía que su hogar está sumido en la penumbra y todo se encontraba en desorden total, aclaró no tener enemigos pero al parecer les habían saqueado todo, lo realmente alarmante fue cuando refirió que su esposa no respondía a sus llamados y que pese a su intensa búsqueda por la casa, ella no daba señales de vida; como ves fue muy semejante al primer reporte, ante los resultados previos optamos por ignorarlo, parecía que una oleada de reportes falsos pretendía ponernos en jaque, sin embargo a la media hora o menos el suceso se repitió y ahora fue más contundente puesto que hubo identificación, dijo ser el agente Jorge Quiroz, suplicaba con vehemencia que alguien de la corporación se apersonara a su hogar, pues finalmente había dado con el cuerpo de su mujer y estaba muerta, su excitación impedía la coordinación correcta del testimonio telefónico pero logré entender el nulo conocimiento de quien privara de la vida a su cónyuge, sin embargo estaba seguro que en el interior de su vivienda alguien más que él se encontraba pues escuchaba pasos y una respiración agitada, de forma terrorífica grito que iban por su persona y que lamentaba haber puesto una última pieza, nunca comprendí a que se refería, sin embargo a través de la línea escuche claramente, ese jadeo pesado como el de alguien muy agotado, seguido de unos pasos lentos y fuertes, incluso el sonido de algo que se arrastraba por el suelo, ¡Quedé muda de la impresión…! La llamada se cortó sin previo aviso y sin que me proporcionara mayores detalles, ¡justo como la del caso anterior aun sin resolución…! la voz de terror de José…
  • Pese a que dices tener las pruebas, lo dudo me parece una historia de misterio, esas cosas en este principio de siglo no suceden. – la interrumpió abruptamente Everardo mientras checaba su teléfono celular. – ¿estas segura que no son fantasías…?
  • ¡Claro que lo estoy Don perfecto…! Precisamente porque estaba segura del escepticismo que causaría esto, logré por medio de influencias que a Joel Martínez le asignaran la investigación. – decía fuera de sí la huera.
  • ¿A tu peor es nada…? ¡Con razón tanto misterio en la historia, ese cuate está deschavetado…! ¿Recuerdas cuando insistía en la veracidad de los payasos asesinos…? hasta llegó a decir que su vecino era quien dirigía el clan y que se comían vivas a las víctimas. – se burló en medio de sonoras carcajadas.
  • ¿Me permites terminar o sacaras tus propias conclusiones como siempre…? ¡Sabiondo…! – retomó mi prima.
  • ¡Bueno pero ya sin tanta crema tus tacos…! Ve al grano que cansas. – recibió por respuesta hostil.
  • ¡La vos aterrada de José quedo gravada con claridad extrema…! En su reporte escrito Joel asentó que al llegar con sus compañeros al domicilio referido no encontró cuerpo alguno, las señales de lucha y robo que refiriera en el llamado no existían, pero del paradero de agente policíaco y su esposa no tenían conocimiento, el automóvil particular estaba en el estacionamiento, la documentación oficial se encontraba en los cajones de un trinchador y todo parecía en orden, en la parte posterior de su escrito mencionó el hallazgo del juego de mesa, refirió que uno de los elementos lo halló sobre una mesa en la recamara principal e hizo especial hincapié en dejar sentado que se encontraba totalmente desmontado y esparcido por toda la estancia, procediendo a su recolecta y posterior entrega a la oficina de evidencias. – pareció terminar su relato Genny.
  • ¿Y…? ¿Eso es todo…? Al rato me vas a salir con que el dichoso rompecabezas fue robado del salón de pruebas y que el misterioso asesino existe en verdad, ¿No…? ¡Es puro cuento tuyo huera…! las malditas series en la televisión te están traumando y te van a freír el cerebro, aunque no niego que estuvo entretenido el relato pero me hiciste perder la tarde ya nos agarró la noche. – refirió mi primo entre divertido y desencantado – ¡regálame una cerveza flaco para quitar el mal sabor de boca…! ¡Vieja enferma…! – dijo.
  • ¡No en vano eres mi hermano cabrón…! el típico Santo Tomás, ver para creer. – dijo Eugenia levantándose abruptamente de la silla y encaminándose a la entrada la cual cerró escandalosamente mediante un señorial portazo, llevaba el semblante descompuesto e iracundo.
  • ¡Despídete cuando menos guionista chafa…! – gritó Everardo – ¿Qué te pareció el cuentecito de la mona esta…? – me interrogo sonriente.
  • Tuvo sus momentos de interés, aburrimiento y al final me desilusionó su desenlace sonó muy falso. – argumenté en tanto arrugaba los apuntes que había tomado.
  • ¡En serio…! Esta trastornada, ¿acaso creyó que me tragaría toda esa historia de un juego de mesa…? – parecía hablar consigo mismo mientras bebía – ¡enciende las lámparas morro que ya miro lo que digo…! – aseveró de modo histriónico.

 

          En verdad les tenía mucha estima a ambos y nunca pude inclinar la balanza a favor de ninguno en las constantes discusiones que se generaban, ambos eran dinamita de muy corta mecha pero así se complementaban, de acuerdo a la solicitud precedí al encendido de las luminarias del interior y exterior de la casa, la abuela se entretenía visitando a las vecinas pues de antemano sabía en qué tenor se darían los acontecimientos de la reunión, los pasos que me llevaban en torno a la mesas que ocupábamos me permitieron tomar de nuevo los apuntes que antes desechara, analizándolo bien tal vez pudiera servir para algún trabajo escolar.

 

  • Tienes razón, de seguro investigaras y descubrirás que el elemento de prueba fue sustraído del almacén, ¡conociéndote…! Permíteme ahorrarte esa labor, pues personalmente lo extraje para demostrar su existencia, ¡Mira…! – decía mi prima mientras caminaba hacia la mesa – estas piezas fueron las que se encontraron en las dos escenas, ¿Quieres que lo armemos…? – dijo retadora.
  • ¡Te estas tardando…! Trae acá esos pedazos de cartón y manos a la obra – aceptó Ever.
  • ¿Están seguros de lo que van a hacer…? – tercie.
  • ¡Claro…! le voy a demostrar a la huera que esas chingaderas son arguende viejo sin argumento válido. – aclaro mi primo ya prendido por las cervezas.

 

          Procedieron a dispersar los cuadrángulos de cartón sobre la mesa, una discreta tonalidad carmesí daba cierta certeza a la narrativa antes escuchada, de inmediato nuestras extremidades volaron literalmente sobre el enorme dibujo que se formaba en busca de las piezas correspondientes, de alguna forma ya tenía cierta definición, y se podía observar una habitación vacía en el interior de una caso en total abandono, al ir paulatinamente agregando piezas se fue develando con mayor nitidez la imagen de dos cadáveres, el de un hombre tirado en el suelo con un teléfono en la mano, y a su costado el de una dama, al parecer ambos tenían rastros de haber sido apuñalados con saña feroz, aún faltaba por complementar el acertijo con varias fragmentos que daban cuerpo a una sombra sobre sus cuerpos y las identidades.

 

  • ¡Esto se está poniendo interesante…! Flaco ve a conseguir una canastilla de cervezas para amenizar el momento, al cabo mañana es día franco. – dejo Everardo al tiempo que me dio un billete de alta denominación. – cómprate refrescos y botanas, ¡El dinero se hizo para gastar…! – sentenció.

 

          No muy de acuerdo seguí las indicaciones y partí a bordo de su motocicleta, el lugar donde en domingo se vendía clandestinamente estaba muy apartado de la casa de mi abuela y eso me brindaba la ocasión precisa para presumir el corcel de acero, con casco y una chamarra que me tallaba ancha recorrí las calles, no sé, habré ocupado máximo cuarenta y cinco minutos. Al retornar encontré la casa en penumbras, a mi abuela de pie en el pórtico con el rostro demacrado por la preocupación, el automóvil de Genny en el porche de la terraza y mis dos primos se encontraban ausentes, no se tenía ninguna pista de su paradero más que el mudo cuadrángulo concluso sobre la mesa, tras una rápida revisión del juego de mesa mi buen ojo observador descubrió en los rasgos fisonómicos de los asesinados del aparente juguete, una similitud casi perfecta al de mis parientes, un escalofrió recorrió mi espina dorsal al identificar el dedo índice que la sombra descansaba sobre la oquedad que parecía ser su boca, todo parecía indicar que clamaba silencio. Hoy hace exactamente un mes y medio de aquellos acontecimientos, los dos elementos de la policía estatal están reportados como desaparecidos y se presumen secuestrados; es el mismo tiempo que el rompecabezas armado descansa oculto en una caja del sótano sucio y obscuro, ese lugar lo tengo resguardado con varias medidas de seguridad, aunque confieso que muchas ocasiones he sentido la insana tentación de abrirlo, desarmar su nefasta lógica y deshacerme de él de forma anónima. ¿Alguien levanta la mano entre ustedes…?

 

 

 

Código de registro: 1809228456489

La ganga.

En el matrimonio de Marcela y Benjamín, los años de convivencia, se habían encargado de crear una pésima relación, pues aun cuando se trataban, ¡Ya no existía la mutua comunión…! Ella se había cansado de repetirle a su marido, que cuando saliera de la ducha, evitara afeitarse con la rasuradora eléctrica, pues tenía la manía de hacerlo, cuando aún goteaba de lo mojado que estaba y era evidente que ello, representaba un alto riesgo. Sin embargo la tozudez y terquedad del hombre, parecían guiarlo directo al sendero de la burla; siempre buscaba hasta encontrar el mínimo detalle para molestar; no ajena a esto, ella siempre se había cuestionado respecto a ¿Cuál sería su culpa en caso de sobrevenir un accidente…? Pues que nunca le habían hecho el menor caso. La estampa que cada día se presentaba en la casa, ¡Era en extremo asquerosa y bochornosa a la vez…! Pues debido a la falta de cordura de él, una y otra vez el cuarto de baño estaba más empapado y el lavabo impregnado con crema para afeitar, vellos e impurezas, y como era costumbre desde mucho tiempo atrás, era ella quién terminaba de rodillas, ¡Aseando y secando a fondo…! Él desde el umbral de su recamara, observaba sonriente y ufano, era habitual mirarlo, con una toalla sostenida entre los múltiples pliegues de su gran barriga, intentando cubrir su amorfa desnudez; Marcela siempre había reído internamente al ver la estampa, pues se preguntabas en silencio. ¿Qué diablos intentaba guardar el hombre con tanto celo…? Si era más que evidente que aquel colgajo, que durante mucho tiempo fuera el ego machista, ¡Ahora ya no servía más que para ensuciar los bordes del inodoro…!

 

Iracunda, más de una vez gruñó para sí, deseando estallar de ira, pero entre el alto volumen de la televisión, el ridículo espectáculo nudista y el olor penetrante de la loción para después de afeitar, se lograba controlar para no flaquear y así darle gusto al martirizador. Benjamín observaba expectante, pues quería que ella saliera pateando el cesto de la ropa sucia. Otra de las cosas que a la mujer le había colmado la paciencia, era el mugroso enchufe del baño, ¡Que estaba flojo desde hacía meses…! Pues pese a haberle solicitado en repetidas ocasiones que lo reparara, siempre surgían excusas o algo en apariencia más importante para postergarlo. Pese a todo aquello, tenían sus momentos de aparente cordialidad, que los había llevado a establecer ciertos códigos. Una tarde cuando el hombre regresó de la oficina, quedó gratamente sorprendido, debido a una pequeña alfombra eléctrica que estaba aún en su empaque y aparentemente aguardando sobre la meseta en el baño; inmediatamente después de cenar, en absoluto silencio como todas las noches, él fue al baño a iniciar su rutina diaria, ¡Ducha, canturreos y rasurada…! Su asombro fue cortada de tajo al desempacar y mirar el color del aditamento.

 

  • ¡Maldita sea…! Ni algo tan sencillo como comprar una maldita carpeta eléctrica, puede hacer bien esta mujer. – Casi grito. – Toda la maldita vida diciéndole que mi color favorito es el azul, ¡Para que compre este mugroso artilugio verde…! – Bramó.

 

Haciendo dramáticos aspavientos, conectó el aditamento al enchufe semi suspenso de dos cables pelados, y posteriormente la rasuradora eléctrica. Despreocupada Marcela lavaba los trastos utilizados en la cena y se preparaba mentalmente para su diaria refriega acostumbrada en el baño. Cuando terminó de recoger los utensilios de la cocina, se acomodó en la mecedora de la sala, tan solo para hacer danzar las agujas de tejer al ritmo de un tenue silbido nada particular. ¡De pronto la energía eléctrica falló…! Y un alarido casi animal la alertó, se puso de pie y pasando la mano sobre el taburete, logró hacerse de un corto sirio y una cajilla de cerillas, sin prisa encendió la vela y se encaminó a donde se hubiera originado el grito, al abrir la puerta un olor a chamuscado le hirió el olfato y la obligó a cubrirse las fosas nasales.

 

  • ¡Dios Santo…! – Alcanzó a decir, al ver a su esposo ennegrecido por el corto circuito. – ¡Eres un idiota Benjamín…! ¿Cómo se te ha ocurrido usar ese tapete eléctrico…? ¿Acaso no te percataste que estaba desconectado…? – No sabía si reír frenéticamente o intentar fingir angustia. – ¿Quién carajo te dijo que la enchufaras…? ¿Eres daltónico o qué…? – Por el susto y quizá por la descarga, se le había olvidado al marido enrollarse en la acostumbrada toalla y con el reflejo de la vela, se notaba el diminuto encogimiento de su herramienta sexual. – ¿Qué mendigo color le viste al artefacto ese…? – Realmente estaba disfrutando aquel momento.
  • Verde pero pensé… – No le dieron tiempo de concluir la frase.
  • ¡Vaya…! Por fin el señor pensó. – Sopló para apagar el diminuto sirio, pues no aguantaba el gozo y era evidente que no deseaba compartirlo con nadie. – Lo que sucede es que eres cómodo en extremo y siempre te es más fácil tomar lo que tienes a la mano, si se te había olvidado, ¡El color verde es mío y no quiero que lo toques…!
  • ¡Cálmate y dame algo para el susto…! ¿No ves que estoy ahumado…? – Replicó con pena y angustia bajando el rostro. – Voy a elevar la palanca y asegurar el enchufe. – Su cabello y bigote estaban todos requemados, pestilentes y sus ojos llorosos. – ¿Cómo se te ocurrió comprar este cachivache…? ¿No te informaron que tenía algún fallo…? ¡Mañana temprano lo vas a reclamar…! – Intentó retomar su falsa autoridad.
  • ¡Cálmate…! – Lo ubicaron de inmediato. – Si no sebes o ignoras algo, ¡Mejor calla…! La chica de la tienda, me explicó con toda eficacia, que el tapete estaba defectuoso y que al no poseer la cubierta protectora, había que tener cuidado con la humedad; pero primero por el precio tan bajo no pude resistirme a comprarlo y segundo pensando en darte una lección de vida, ¡Lo traje…!

 

 

 

 

 

Clave de registro: 2005204054840

Dualidad.

Muy a pesar de su extrema delgadez, piel sonrosada y sonrisa angelical, Maura, ¡Contaba con doble o hasta triple personalidad…! Durante el día, su cuerpo era poseído por un espíritu literario y debido a ello, creaba fantásticas narrativas, cuentos y poemas; sin embargo por las noches, un extraño íncubos se adueñaba de su voluntad y todas las obras escrituradas, la demoniaca figura las incineraba o simplemente pasaban a engrosar el contenedor de los deshechos. Ella estaba consciente, de que los habitantes de ambos mundos, por ningún motivo podrían converger y mucho menos, intentar entablar comunicación, pues el ente infernal destruiría de manera inmediata a la poetisa. La languidez en el melancólico semblante de la chica, siempre fue motivo de burla para el ser de ultratumba, quién a través de los placeres mundanos y carnales, intentaba aliviar todo rastro de dolor existencial.

 

Aun cuando la chica sabía y sentía que estas identidades luchaban en su interior, jamás intentó refrenar los instintos de cada cual. Tal pareciera que su cuerpo y su mente, se habían transformado al mismo tiempo, en un sepulcral camposanto o en la terraza más amplia del monte Olimpo, ¿Acaso alguna de ambas figuras deseaba residir donde los Dioses…? El satánico ente parecía tener el poderío místico de una dama asiática, y todas las veces fingía ser una ofrendada de las deidades, para el entero bienestar y satisfacción corporal de los terrenales; todo el tiempo buscaba hasta encontrar la manera menos leal, para sacar provecho de sus atributos físicos y así enloquecer de lujuria y pasión a los mortales. Aun cuando este proceder pareciera carecer de toda lógica, era precisamente el respiro o socorro que necesitaba la literata, quién vivía a la sombra de cada carencia, que determinaran la fatalidad en la infancia de Maura. La trovadora de versos, recurrió a la escritura para sanar el alma y proporcionar un nivel adecuado a los demonios. Sin embargo, cuando se sumergía en las tinieblas de la incertidumbre, resurgía la parte satánica para arrastrarla de nuevo en los subsuelos de la perdición.

 

En los escasos instantes en que la real personalidad emergía, ella comprendía que ambos espectros tenían que permanecer diametralmente opuestos, pues en caso de saltar la línea imaginaria del tiempo, la hija del Diablo intentaría apoderarse de toda su voluntad y entonces la existencia de la poeta. ¡Sería una catástrofe total…! Aquella lucha constante para no perder la cordura, era en exceso extenuante y que lentamente la estaban destruyendo, tanto física como mentalmente. Dentro de todo este pandemónium, si de algo estaba convencida Maura, ¡Era de que no permitiría que esta se adueñara de la evolución total de su conciencia…! Cada amanecer traía consigo el ansía de redención, las palabras, oraciones y ruegos estaban impregnas de anhelo y crudeza. El único medio valido para llegar más allá de las nubes, ¡Era la propia escritura…! Esa que por su mismo ciclo de vida indefinido, no podría considerarse como un pilar real de su destino. Un día la desmejorada mujer se convenció, de que no había nada que perder al intentar revelarse, la rueda de la fortuna o infortunio ¡Estaba rodando…! Por tanto en el preciso instante en que las personalidades se intercambiaron la batuta, ella decidió refrenar sus impulsos al aprisionar en su corazón a la poetisa y guiar al ángel satánico a la actividad que le causaba mayor repulsión, ¡La cacería en el cielo de cuerpos celestes…!

 

¿Qué armas intelectuales se requerían para una batalla interna…? ¿Acaso la penumbra de la noche era un campo adecuado para la lucha…? Mostrarse falsamente encantadora y fingir un sentimiento cargado de lágrimas, ¿Era adecuado ante un alma maléfica…? ¿Qué debía la mujer esperar de aquella inusual contienda…? ¿Berrinche o la insondable sonrisa del demonio…? Las tres identidades permanecieron congeladas, ¡Finalmente se habían encontrado sin tiempos ni espacios de por medio…! La que debiera ser real, desacostumbrada a todo tipo de enfrentamientos, no comprendía el encanto o desencanto de la sensualidad perversa, aunque ansiaba permanecer a lado de la literata, como manera sutil de escape, repelió la mirada de cualquiera de ella, pues sabía que estaba inmersa en una travesía en que no había retorno posible. En esos aciagos momentos, no supo si en realidad su inteligencia estaba por encima de aquellas creaciones de su mente o era un simple caris de habladuría y ornamento, inesperadamente un sentimiento de profunda tristeza la tomó del cuello, ¿Sería la soledad quien le estaría dando un escarmiento o la culpabilidad la hacía víctima del escarnio…? ¿De qué le servía acudir al sentimiento acumulado, si su corazón hervía de soledad y abandono…?

 

¿Qué se vislumbraba a cada lado de la balanza…? ¿Una diabla triste y una lírica gozosa…? ¿Por qué ahora eran inversas las escalas…? ¿La solución siempre fue la confrontación…? El desmejorado tinte de aquel rostro pálido, de pronto pareció cobrar vitalidad, extrañamente en él había esperanza, convencimiento y orgullo. El primer plano de la escena virtual, era ocupado por ella que figuraba como líder y quien la atormentara sin pausa, ¡Estaba acurrucado como un palomo herido…! ¿Quién era ahora el astro rey…? ¿Quién daba luz a la luna en la noche…? ¿Quién era la paz en medio de la tormenta…? ¿Acaso no ella representaba un oasis en el centro del desierto…? De a poco el autocontrol se apropió de sus instintos, su mente se habituaba lentamente a dirigir y no ser la que recibiera instrucciones, ya no estaba dispuesta a sucumbir ante el naufragio de los tiempos apagados, pues como nunca deseaba tocar tierra, mientras sus aliados acordaban quien caminaría primero hacía el horizonte. Era hora de tomar decisiones, de echar a volar cada emoción que le atravesaba la piel como un candente puñal; estaba decidida hasta a recibir la muerte con cada latir de un corazón agitado; su cerebro descansaba junto a los acuáticos lirios, donde se había recostado el subconsciente en espera de un nuevo inicio. En cada hemisferio cerebral, un ente jugueteaba con una extraña florescencia del pasado, mientras en el centro, columpiándose graciosamente del cuerpo calloso, un intelecto antes marchito por la fatalidad, disfruta el acuerdo obtenido entre la razón y el desamparo. ¡Al fin se había finalizado el periodo multipolar…!

 

 

 

 

Clave de registro: 2005154017957

El Silencio

Roberta, ciertamente era una mujer mayor, que siempre había habitado en una pequeña y humilde casa, la cual se ubicaba en las arenosos límites del puerto, tanto su vida como su vivienda misma, era compartidas por sus nietos, que eran fruto de los amores y desamores de su única hija, que desgraciadamente muriera trágicamente algunos meses atrás. Los chicos intentaban subsistir, laborando de forma intermitente en pequeñas barcazas o en la pesca de moluscos, crustáceos y diversidad de mariscos, que luego expendían en las orillas de la playa. En medio de sus bien marcadas carencias económicas y alimenticias, ella se esmeraba en tenerlos siempre con una excelente salud, buena educación y el alimento justo, aunque en muchas ocasiones se tuvieran que conformar con solo pan, frijoles y tortillas duras. Durante la temporada veraniega, el aumento considerable de visitantes, dotaba de vida diurna, vespertina, pero sobre todo nocturna al lugar, lo que significaba un incremento substancial de ingresos, para grandes y pequeños comercios. Era obvio que ellos no pertenecían ni a uno y menos al otro extremo de la escala económica; sin embargo al filtrarse la bonanza a todos los escalones sociales, ¡Se vivía y comía bien durante esos días…!

 

Aunque la situación no era para nada esperanzadora, los tres niños y la mujer, lentamente se habituaban a navegar entre los salvajes oleajes de la miseria. El único que no parecía comulgar con esa idea y menos con el crítico nivel de vida, era el segundo de ellos, él desde muy temprana edad había mostrado interés en emprender, pues con simples objetos de reciclaje, elaboraba maceteros, collares, pisa papeles o entretenía a los turistas, con curiosas narrativas, de realidades que solo existían en su imaginación, y aun cuando de esa forma lograba paliar el hambre, ¡Siempre aspiraba a más…! Tal vez por esa razón, cuando alcanzó cierta edad, a la mayoría parte de los porteños les causó alarma, pero para nadie fue sorpresa que desapareciera del puerto, nadie sabía a ciencia cierta a donde había ido o con quién; su ausencia despertó cuestiones mayúsculamente descabelladas, pues mientras unos hablaban de que se había ido con una pareja de turistas extranjeros, los más fatalistas dijeron haberlo visto ahogarse en el puerto de abrigo. Y aun cuando las autoridades indagaron y rebuscaron en la supuesta zona del ahogamiento, ¡Todo fue inútil…!

 

Presa de la angustia y una probable nueva desgracia en la familia, la abuela envejeció rápidamente, su cuerpo se encorvó y el matiz de su voz cambio considerablemente; por las noches, sentía que una llovizna de lumínicas estrellas se posaba sobre su cabeza y lloraba desconsolada. Muchos años pasaron y nadie supo nada del malogrado muchacho; la historia de aquel presunto infortunio, había sido enterrada por la arena levantada por las constantes ventiscas. Los otros dos huérfanos, ahora se hacía cargo de la anciana, que fungiera por mucho tiempo como figura materna; uno de ellos era capitán de una lancha y el otro chofer de auto-transporte terrestre; si bien no habitaban en la opulencia, ahora su alimentación estaba asegurada y su casa era más grande y firme. Ya era costumbre que ambos se fueran a laborar y la abuela quedara sentada en la terraza, observando la tranquilidad del mar y el lento ocultamiento del sol, mientras cosía o bordaba con excesivo trabajo, ya que su visión por el paso del tiempo, se había visto afectada y ni los mismos espejuelos le eran de utilidad.

 

El nuevo verano había llegado y como era costumbre, las calles y negocios del puerto se llenaron de actividad, las playas estaban saturadas de visitantes que deambulaban, unos alcoholizados y los demás igual, ¡Habían llegado a dejar sus penas rodar por el arenal y sus cuerpos broncearse al sol…! Las cálidas aguas, eran un verdadero bálsamo para sus preocupaciones y aunque la temporada no era para siempre, ¡Ellos disfrutarían de ella a rabiar…! Uno de todos los días en que la costumbre de los pobladores los llevó a la rutina, los hermanos partieron a sus respectivas labores y la anciana se aprestó a concluir con las labores cotidianas, pues tenía una cita con la brisa, las gaviotas y el ocaso. Despreocupada y adormilada por el aire, nunca escuchó cuando unos sigilosos pasos cruzaron la estancia y se detuvieron a unos pasos de ella, cayó en cuenta de que alguien la acompañaba, cuando percibió el aroma a menta y maderas frescas; bajo el umbral de la puerta que daba acceso a la terraza, estaba detenido un hombre de recia figura, sumamente alto, de cabello tan obscuro como la noche y de sus ojos rasgados, brotaban numerosas gotas de llanto, se encontraba mirando silencioso a la mujer que para ese entonces, suspendió su labor e intentó ponerse en pie.

 

  • ¿Quién es…? – Dijo con voz calmada. – ¿Acaso eres la muerte, que finalmente viene por mí…? – Interrogó sin alterarse. – Ya no existe el temor en mi corazón, te llevaste a mi hija y a mi nieto, ¿Quién más si no yo sigo en tu lista…? ¡Nos iremos cuando lo dispongas…! – El timbre de su voz, sonaba como una campanilla al ahogar su resonancia.
  • ¡No se equivoque…! No vengo para llevar nada o a nadie, por el contrario, estoy aquí para traer alegría y abundancia. – Dijo la voz ronca que manaba del muchacho. – Hace muchos veranos me fui y hoy regreso arrepentido de mi silencio y abandono. – Su llanto ahora era convulso y evidente para la mujer. – ¿Me podrá usted perdonar…? ¡Por favor…! – Rogó uniendo sus manos.
  • ¿Quién eres y por qué pides disculpas…? – Los ojos casi ciegos de la abuela, resplandecieron de una esperanza muerta. – Mi vida no tendría mayor abundancia que ver a mis nietos juntos de nuevo y… – No pudo concluir la frase, pues un gran nudo en su garganta le asfixiaba. – El bordado cayó al suelo arenoso, al mismo tiempo que sus brazos se extendieron y abrieron amorosos. – ¿Eres tú pequeño bribón…? ¡No hay nada que perdonar…!
  • ¡El mismo abuela…! – Con un amor casi sublime abrazó a la mujer que del gusto se desvaneció. – Por favor te pido me perdones y lo mismo haré con mis hermanos, les lastimé pero fui a labrar un mejor futura para todos. – Intentaba reanimarle cubriendo el cabello canoso con besos. – Aun soy aquel rapaz desvalido que ansía tus besos. – Los ojos cansados se abrieron e intentaron enfocar donde la voz parecía brotar, la anciana no emitió ningún vocablo, sus manos encallecidas volaban lentamente hacía el rostro amado.
  • ¡Mi querubín adorado…! – Musitó. – ¡Gracias por haber hecho dichosos mis últimos momentos…! Aun cuando todos decían que habías muerto igual que tu madre, mi corazón se negaba a aceptarlo. ¡Te amé desde y para siempre…! – Los ojos se cerraron de nuevo.
  • ¿Verdad que me perdonas abuelita…? – Volvió a cuestionar el visitante.

 

Pero para ese entonces el alma de la anciana, ya volaba al cielo para encontrarse con su hija, pues había muerto y su rostro se adornaba con una sonrisa indescriptible, sus manos en el pecho descansaban en posición de oración y los cansados ojos, estaban enclaustrados como si durmiera, varias gaviotas surcaron la playa graznando y una cálida brisa impulso su ascensión al cielo, desde entonces hasta que llegaron los otros hermanos, ni el trino más hermoso de un ave, se atrevió a romper el luctuoso silencio.

 

 

 

 

 

 

 

Clave de registro: 2005123989490

¡Gracias mamá…!

Probablemente por los hechos actuales y por lo convulso de la situación, esta mañana estaba disfrutando un cálido té, cuando surgió una clara secuencia de mis remembranzas pre y post natales. Con lujos de detalles observe con los ojos enclaustrados, como un buen día, mi ser se convulsionó por sísmicos movimientos, me retorcí rítmicamente al sentirme arrastrada por una marejada de jugos amnióticos, ¿Qué era eso que rebozaba entre masas rosáceas y sonidos extravagantes…? Sin completo control de mis movimientos, intente rozar con mis cortas extremidades, esa piel elástica que me envolvía, ¡Sin embargo no la encontré…! ¿Será posible que sea solo un anhelo y no exista o todo es debido a mi ansiedad que no me permite alcanzarla…? A esta ignorancia infantil, se unió la extraña sensación de estar en completa posición inversa y aun cuando intente luchar contra la inercia, ¡Ningún musculo de mi ser se movía de acuerdo a las instrucciones de mi cerebro…! ¿Pero que ocurre…? Me cuestioné angustiada, ¿Por qué mis ojos se encuentran semi adheridos y no alcanzan a enfocar…? De nuevo la sensación de estar en medio de un torbellino que se apoderaba de mi persona y de pronto surge en mí un temor irracional, esas palpitaciones, sonidos agudos y contracciones, ¿Significan algo o son simple ambientación sensorial y auditiva…? Entre toda la confusión de algo estuve segura, si no conociera las reacciones de mi cuerpo, ¡Pensaría que se trata de entrañas en ebullición…! ¿Y si no son las mías entonces de quién…? Sin poder encontrar explicación lógica gemí, patalee y luche, ¿Fue por algún dolor o simple capricho…? Muy a lo lejos percibí una serie de sonoros alaridos, pareció que alguien se desgarra de forma inmisericorde. De manera imprevista, un largo cordón se balanceó incitante ante mí, ¿Este cachivache era para divertirme o solo una celada traicionera…? Intente tomarlo, pero como si poseyera vida propia se alejó y escabulló, ¿Qué sería ese inusual retortijón…? Afuera de esta especie de costal lleno de líquido, algo se dilata y contrae rítmicamente.

 

Más allá del rompiente de olas sanguinolentas, la concertina de auténticos aullidos incrementó y literalmente no fueron soportables, ¡Esta serenata de alaridos no solicitados me ensordecía…! Inútilmente intente esconderme pero todo es inútil, la hecatombe me hizo presa de si y me condujo no sé a qué sitio, ¡De nuevo la sensación de estar prácticamente de cabeza…! Algo tironeó de mí haciendo más difícil las cosas, ¡Era la víscera juguetona que se balanceaba coqueta…! De pronto surgió aquella fuerza invisible que me empujaba, ¡Era como si quisiera desalojarme de mi habitáculo…! Y resultaban inútiles todos mis esfuerzos por impedirlo, ¿Sería el fin…? ¿Pero de qué…? Quizá vencida, o pareciendo estarlo, me mantuve totalmente quieta en medio de una total penumbra, ¡Recuerdo estar expectante…! A lo lejos en el túnel al que acababa de acceder, se observó una tenue refulgencia, ¿Qué sería esa pequeña luz…? Sin tener completa noción de tiempos y distancias, pronto me encontré próxima al resplandor, ¡No sentí dolor, malestar o angustia…! El temor se ha ido, desde no sé cuánto tiempo atrás; de la tensa calma pasé al sobresalto, ¿Acaso esa voz melosa se dirigía a mi…? ¿Qué podría saber de bienestar…? ¿Por o para qué querían saber si estaba bien o no…? ¿Qué era esa hipertermia, frigidez o simple templanza a la que se referían…? ¿Por qué me manoseaban de forma tan voluble…? ¿A qué se referían con lento y falta poco…? De a poco el túnel se ensanchó y brote como flor en primavera, para mi mala fortuna no le encontré razonamiento ni respuesta a mis cuestiones y tras un descomunal golpe en mi parte posterior, recurrí a mi autodefensa natural, ¡Chillar ruidosamente como nunca lo hice…! ¿Cómo era posible esto, quién había gritado mi distintivo sexual…? ¿No existía la privacidad en este lugar…?

 

Posterior al mayúsculo ajetreo y espectacular manoseo, no alcance a escuchar o entender la confusión, ¿Acaso ese recurrente oleaje era el océano…? ¡Quisiera que alguien me hubiera explicado qué era placenta previa…! De pronto la iluminación al final del túnel era tanta, que parecía cegarme, ¿Dónde estaban los y las que parloteaban…? ¿Por qué hurgaban en el interior de mis bronquios…? Con mucha pena y tal vez vergüenza, ¡Volví el estómago…! De pronto me sorprendió una serie de risas, aplausos y felicitaciones. Dentro de todo el desorden escuche que el alguien, de nuevo gritaba de forma lastimera; con diligencia una dama de ropajes tan albos como un mismo ángel, me entregó envuelta entre telas, ¿Quién era la otra mujer que recostada en una cama lloraba de felicidad…? ¿Qué es era calor tan delicioso que sentí en mis mejillas…? ¿Por qué murmuraba a mi oído que estaríamos bien…? ¿Qué o quién nos amenazaba…? ¿Acaso era pecado nacer mujer o ser madre…?

 

Abrí los ojos anegados de lágrimas, una y mil veces me había cuestionado, respecto a lo que escuchara a través del embarazo, no entendía si era o no cierto que lo mismo significa ser adinerada o pobre, inteligente o no tanto, el sitio destinado para toda mujer en este mundo, ¡Estaba en el puño de un hombre…! En aquellos brazos protectores me había preguntado ¿Si acaso nací para que me hicieran sufrir, o para ser simple distracción de alguien tan valioso e imperfecto como yo…? Si era así, ¿Qué me diferenciaba o distinguía de él…? ¿La fuerza física, una pequeña extensión de hueso peneano o el sentimiento puro…? Al día de hoy, he vivido para averiguarlo y estoy segura de haber enorgullecido a ese vientre que me proveyó de vida, es por eso que ahora, ha llegado mi momento de ser protectora de aquella mujer que cuando infante y adolescente, ¡Dio la vida por mí…! La que sin importar fechas, contingencia sanitaria o economía, me consideró su niña y como tal me cultivó. Por existir, por tus esfuerzos, luchas, triunfos y derrotas que son igualmente mías ¡Gracias mamá…!

 

 

 

 

 

Clave de registro: 2005103942569

Gato.

Como un pulpo anaranjado, el sol extendió un tentáculo lumínico abriendo los párpados de mi ventana; por la grieta del metal y vidrio, se deslizó furtivo un majestuoso animal. Él me miraba fijamente con el ámbar hipnótico, con la miel salvaje en los ojos que se fundían magistralmente, con lo amarillo casi naranja del molusco solar; sin embargo de forma extraña, ¡El gato no emitía un solo ronroneo…! Su cuerpo era tan largo y ligero, como una parábola azabache, que nacía de un árbol florido y moría con patas amortiguadas en el extremo austral del colchón. De pronto, la vista se me fundía en su destreza, en el sigilo congénito y la musculatura carbónica que lo delineaba. ¡Bajo su piel robusta se gestaba el misterio del universo…! Magnifico felino, precisamente por ser intrépido, desconocido y forastero, su rabo danzaba como la boa que rompe la calma del tiempo, tan hipnótico era el movimiento, que se sincronizaba de manera criminal con la masa atlética de tu cuerpo, todo en conjunto me causó una duda, ¿Esa perfección Divina le pertenecerá…? ¿O es algo así como esta narrativa, que no fue pensada exclusivamente en él…?

 

Ojalá fuera uno de esos felinos cariñosos, que acostumbran frotarse entre las piernas; sin embargo mantuvo siempre prevenido la distancia, eso me obligó a cuestionarme respecto a, ¿Por qué tanta mística envuelve su figura…? Un tanto parco, me percaté que mientras más me fundía con su mirada ciertamente inteligente, sentí que mis múltiples frustraciones me abandonaron, ¿Por qué ingresó sin permiso y ahora sin el mismo pretende abandonarme…? ¿A qué se debe su coloración tan negra como el mismo tizón del infierno…? ¿Habrá llegado tarde a la cita, o a mi costado aguardará el arribo nocturnal…? La extremidad prolongada del astro rey, no le permitía ser sombra entre la penumbra y menos parecía temer, ser presa inocente de los usuales arranques de mis impulsos. ¿Le proporciona confianza observarme recostado en el colchón…? ¿No parece importarle el papel y pluma esgrimida por mis manos…? ¿Por qué de esos desplantes y altivas miradas…? ¿Acaso desea el dominio de ambos universos…? Para su mirada furtiva, tan solo parezco un fantoche, pues camina erguido entre el sepulcral silencio.

 

Tras el soleado día y la tarde humedecida, lentamente ha obscurecido y el solitario morrongo, se ha escondido en un sitio próximo al portal, donde su silueta se confunde tras el cristal empañado, entre hileras encadenadas de amargura y soledad. ¿Por qué de nuevo habrá fijado la mirada en mis pupilas…? ¿Qué creerá encontrar en mi interior…? De la nada, eriza su pelaje y eso me causa la impresión de que intenta sustraerme el alma, ¿Es realmente un animal o un íncobus infernal…? Con su porte tan aristocrático, ojos hechiceros, perfil dulce y finas orejas, no parece confinado a una triste vida calleja. Lo miro con atención y de forma suave me despoja de la calma; pareciera desgarrar lentamente mi paz, hasta evidenciar las vísceras de mi intestino, al que posteriormente enturbiara con misterio. ¿Será condena y libertad a partes iguales o simple sueño, despertar y pesadilla al mismo tiempo…? Una graciosa cabriola parece iniciar su partida, a partir de la cual mi subconsciente exige mayor tiempo de compañía; sin embargo el extraño bribón que parece haberse extraviado en las entrañas de la noche, lento y pausado es tragado por la espesa obscuridad y abandona la estancia meneando rítmicamente la cola.

 

 

 

 

 

 

Clave de registro: 2005093925481

Tatoo.

El espinazo, como era conocido aquel chico flaco en exceso, era un total desadaptado que trataba a toda costa, de ser aceptado en la pandilla del barrio, pues deseaba tener los mismos privilegios que ellos. Aun cuando le había quedado claro, que llamar la atención del líder y sus secuaces no era nada sencillo, haría muchos más intentos de los que hasta hoy había realizado. Al observarlos con el rostro, brazos y piernas cubiertos por tatuaje, se obligó a mirar su escuálido perfil tan blanco y lampiño, que el cuero se le enchinó de vergüenza, ¡Era muy probable que tuviese al alcance de su mano la respuesta a tan ansiada cuestión…! Comenzaría precisamente por entintarse la piel; sin embargo el suyo no podía ser un tatuaje cualquiera, tenía y debería ser algo que impactara solo de verlo. Sin el menor recato, se introdujo a la biblioteca de su abuelo, pues había recordado que cierta ocasión lo encontró hojeando un volumen referente a ángeles, demonios y magia negra. El viejo al verse descubierto, le había aconsejado a su nieto, ¡Jamás tocar dicho ejemplar…! Pero hoy debido a la urgente necesidad de figurar, le pareció el momento preciso para desobedecer. Tras revisar el libro, no pudo comprender ni una palabra, pues eran simbología en apariencia demoniaca, pero una gráfica llamó poderosamente su atención, por lo que optó por sacarle una buena fotografía para considerarla como referente, la imagen elegida era tan aterradora, ¡Que por momentos sus ojos parecían cobrar vida…!

 

A prisa y con toda seguridad, se encaminó al taller de tatuajes más cercano y confiable, una hermosa joven con el cuerpo impregno de múltiples y coloridas figuras lo atendió, como era parte del protocolo no escrito, ella intentó darle cierto sentido a su labor.

 

  • ¿Estás seguro de quererte tatuar la piel…? – Averiguó. – Es un proceso definitivo y en caso de arrepentirte, nosotros no acatamos responsabilidad ninguna, pues borrar mi trabajo será por medio de láser y además de ser doloroso en extremo, la piel simula haber sido quemada.
  • ¡No tendrás ningún problema…! ¿Te firmo alguna responsiva…? – Dijo con decisión definitiva.
  • ¿Tiene algún significado especial…? – Quiso saber la muchacha en tanto lo recostaba.
  • Mira amiga, te pagaré para que lo transfieras a mi piel tan exacto como te sea posible, ¡No deseo ser interrogado…! ¿Está claro…? – Estaba inmerso en su tan deseado papel de pandillero. – Una cosa más, olvídate de todos los colores, ¡Lo quiero únicamente con tinta negra…!
  • Lo haré como usted diga. – Alcanzó a decir la mujer antes de sumirse en el más espeso mutismo.

 

Luego de varias horas, le fue enseñada la figura que se dibujaba de forma permanente en su brazo, ¡La imagen era simplemente aterradora…! No aguardo ni un segundo para posar frente al espejo, el cuerpo estilizado de belcebú era tremendamente fornido e impregno de un pelaje tan negro como la noche, una cornamenta larga y ondulante coronaba su frente, su rostro perfectamente afilado enmarcaba su maquiavélica mirada, su dorso estaba adornado por un par de elegantes alas y se sostenía con ambas extremidades de macho cabrío sobre una enorme montaña de cráneos humanos, su enorme apéndice semejaba mecerse alrededor de su cuerpo, la sombreada artística que le habían practicado, lo hacían tremendamente real. Sin dudarlo liquido el importe previamente acordado, adquirió en el mismo establecimiento una camiseta sport, y se dirigió a donde sabía acostumbraba reunirse la banda, ¡Era urgente darles a saber de su reciente grabado en la piel…! Para su mala fortuna, a todos ellos no les pareció nada trascendente y mucho menos impresionante.

 

  • ¡Es simplemente el diablo de las historietas…! – Le dijeron riendo estruendosamente. – Eso solo demuestra tu debilidad y falta de creatividad, ¿Estás seguro de que no eres de esos raros…? – Continuaban las burlas.

 

En total desacuerdo con los mal intencionados comentarios, El espinazo se dio la vuelta y encaminó a su casa, todo el camino se la pasó renegando de su decisión de marcarse de manera definitiva la piel, con algo que no fue lo suficiente impresionante para aquella pandilla.

 

  • ¡Carajo…! Cuánta razón tenía la chava. – Vociferaba para sí. – ¡Este monigote es una reverenda porquería…! – Se rasgó la piel que estaba aún supurante.

 

Ese simple arranque de ira, hizo que la carne viva del brazo empezara a arderle como si de una quemadura de tercer grado se tratara, al voltear para observar el motivo del torturante suplicio, pudo percibir que la base de cráneos blanqueados, los ojos y el torso del demonio, ardía y se extinguían con cierta intermitencia, la tinta antes negro profundo, ahora se había transformado en líneas de fuego color carmesí, era tanto el dolor de la chamuscada, que sus alaridos se escuchaban a varios metros de distancia. Sin explicación lógica, el fuego se extendió lentamente por todo su cuerpo, formando un contorno a su alrededor, ¡Como si él mismo fuese el demonio…! En su dorso semi desnudo, se marcaron impresionantes alerones, sus pies se transformaron en patas con cascos y la fenomenal cola, se mecía por entre sus piernas. Al día siguiente, el enclenque muchacho se notaba diferente, había embarnecido, literalmente de la noche a la mañana, su rostro mostraba una sonrisa maquiavélica de gran confianza y se dirigió sin prisa al lugar de reunión de los muchachos.

 

  • ¿Tú de nuevo…? No te cansas a que nos burlemos de tu tonto tatuaje. – Dijo el que parecía llevar la voz cantante. – ¿Ahora qué quieres…?
  • ¡Tranquilos…! ¡Solo vengo a hacerles pagar por sus estúpidas ofensas…! – Dijo con parsimonia. – ¿Quién se supone que dirige esta puerca monserga…? – Bramó en un tono gutural.
  • ¡El mismo que te habla…! ¿Tienes algún problema…? – Dijo echando mano a un filoso puñal.

 

Todos los secuaces, pre suponiendo lo que le ocurriría al entrometido, se soltaron a reír con ruidosas carcajadas, nunca esperaron que un fuego intenso manara debajo de las prendas del recién tatuado, su rostro de pronto se transfiguró en el semblante del demonio, en tanto la interminable cola llameante, iniciaba un macabro ondear por detrás de su espalda alada, hasta alcanzar su cabeza; tras una llamarada intensa, El espinazo pasó a ser historia por su ausencia. A partir de entonces solo quedaba frente a ellos, la figura del tatuaje encarnado. Con la punta de su rabo ardiente, atravesó a dos de ellos clavándolos en la pared, cuando algunos más intentaron escapar, ¡Cerró sus enormes alas…! Atrapándolos hasta lentamente convertirlos cenizas; sin prisa y como muestra de su poderío, dejó caer a los que sujetaba con la cola, el golpe descomunal los hizo estrellarse contra el suelo y sus cabezas estallaron como un par de melocotones, desparramando su contenido intestinal, incluidas las tripas, vísceras y algunas astillas óseas. Con aquellas entrañas ensangrentadas, realizó un singular lazo y lo utilizó para atrapar del cuello de quien se vanagloriaba de ser líder, el arma punzo-cortante del aterrado jefe de la semi extinta pandilla, no le auxilió absolutamente en nada, pues fue ahorcado antes que se diera cuenta y su cuerpo muerto fue masacrado a cornadas. Ahora la nueva mafia del lugar, sería dirigida y regenteada, ¡Por el espinazo del diablo…!

 

 

 

 

Clave de registro: 2005083913207

Falsedad.

Isabel era una mujer mayor pero muy hermosa, en su lejana juventud había sido bendecida y la fortuna le permitió procrear dos hijos; sin embargo por desgracia o azar del destino, el padre de ambos niños, había fallecido a causa de una enfermedad devastadora. A partir de entonces y a base de mucho esfuerzo, salieron adelante aunque no con grandes lujos, aunque posteriormente su situación había mejorado notablemente. Un buen día, de acuerdo a la ley de la vida, aquel par de rapaces se convirtieron en hombres. Como es bien sabido, durante el largo desarrollo de la humanidad, ni las gotas de agua alcanzan la perfección y mucho menos la igualdad, quizá debido a ello, uno de estos muchachos tenía el corazón rebosante de bondad, mientras que el otro solo demostraba interés por su madre, ¡Cuando necesitaba algo con urgencia…! El hijo bondadoso había cuidado con enorme cariño y dedicación a la anciana durante su enfermedad, en tanto que el otro se había desentendido por completo de ella.

 

De a poco la salud de Isabel fue mermando, los dolores eran tan devastadores que pronto la llevaron hasta el borde de la muerte, como es común y hasta cierto punto natural, ella no tardó en darse cuenta de su estado, y cuando sintió que estaba preparada para rendirle cuentas al Creador. Desde la cama del hospital, dictó su testamento creyendo hacer lo correcto. Sin presión señaló que era su legitima voluntad, dejarle un ochenta por ciento de la herencia al hermano bondadoso y el restante veinte por ciento para el otro; sin embargo el destino caprichoso esgrimiría una jugarreta para empañar tal decisión; precisamente cuando el documento fue firmado y todo estaba legalizado, sin nadie darse cuenta, una ampolleta de penicilina se vació accidentalmente sobre los papeles, algunas horas después, ¡La anciana falleció…! Sin aguardar siquiera a reclamación del cadáver, el desamorado hijo le exigió al notario, que leyera sucesión testamentaria de inmediato, pues alegó no estar dispuesto, ¡A esperar hasta después de la sepultura…! Cuando el leguleyo rompió el sello para proceder con la lectura, en su rostro se dibujó la sorpresa y sus manos temblaban. ¡Los nombres de los hijos no eran visibles…!

 

Como es natural en estos casos, fue necesaria la intervención de un magistrado juzgador y precisamente ante él, empleando la técnica más vil de hipocresía, el hermano egoísta gimoteaba argumentando que la mayor proporción del legado era suya, puesto que siempre había sido un modelo de hijo. El juez un tanto confundido, decidió no tomar ninguna resolución hasta revisar el caso a fondo; era increíble ver la rapiña que aquel ser sin corazón ni amor deseaba realizar, pues el cadáver de su progenitora aún estaba insepulto. El día de las exequias llegó, y como la anciana mujer era muy apreciada, mucha gente del pueblo asistió; Durante el trayecto al camposanto, el hijo bondadoso caminaba en silencio, ¡No hacía mayores aspavientos pues sufría íntimamente…! Sin embargo el hipócrita, emitía gritos desgarradores, se golpeaba el pecho y se desplomaba contra el suelo, era claro que ejecutaba todo el acto histriónico, para que los concurrentes creyeran que el sufrimiento era grande y legítimo.

 

Cuando el ataúd mortuorio descendió al interior de la cripta funeraria, ambos consanguíneos lloraban desconsolados, ¡Uno con sollozos apagados y el otro con ruidosos berridos…! Fue entonces que sobrevino un suceso extraordinario, las lágrimas de aquel hermano bondadoso se convirtieron lentamente en blancos pétalos y las del egoísta en piedras carbonizadas. El juzgador que siempre estuvo pendiente del proceder de ambos, entendió que desde la tumba la anciana había reafirmado su voluntad y él la llevaría a cabo. Gracias al fenómeno ocurrido y a la revisión exhaustiva de los libros del notario, no se confabuló una injusticia por parte de quien permitió ser criado con amor, para que al final pretendiera extraerle los globos oculares a su madre y hermano. Por ello dicen que no existe el hipócrita perfecto, pues tarde o temprano, por una u otra razón, queda siempre expuesto.

 

 

 

 

 

Clave de registro: 2005083907107